Presencia de Estados Unidos en la region
[Info-CADA]
EEUU anunció que restablecerá la Cuarta Flota para combatir el terrorismo y el narcotráfico en América del Sur y el CaribeLos diarios de los países de América Latina dan la información, la gente mira la noticia desde el interés general, hay unas pocas opiniones de especialistas, la mayoría a favor de la decisión estadounidense de tener más presencia, casi nula reacción de nuestros gobernantes, salvo las del gobierno de Venezuela y el de Cuba. La flota avanza.Noticia en Argentina: "Un portaaviones nuclear norteamericano participará de un ejercicio con unidades de la Armada en aguas argentinas. A partir del 5 de mayo, el poderoso navío George Washington, junto con su grupo de buques de apoyo, participará del adiestramiento Gaucho-Gringo 2008. Es la tercera vez en los últimos 20 años que un portaaviones de Estados Unidos realiza un operativo en la Argentina." Diario La Nación. Se puede decir que es lógico que los Estados Unidos hagan tamaña movida, pero no resulta lógico que gobiernos progresistas que han tomado cierta distancia de Estados Unidos y que promueven la integración sudamericana, firmen convenios en la oscuridad con el país del norte y callen ante la evidencia de las intenciones norteamericanas.Hablar del imperialismo es hasta sencillo, pero realizar un análisis de los gobiernos de nuestra región no lo es en absoluto. Los Estados Unidos tienen una política ofensiva para el mundo, y cuentan en su haber con sendos fracasos y mucha, pero mucha inmoralidad. En cambio en la región quizás solo Brasil tenga una política global, pero el resto de nuestros países, en líneas generales tienen más que fracasos o victorias, contradicciones.Nunca en la historia reciente de Sudamérica hubo tantas reuniones entre presidentes. Nunca hubo tanto interés, al menos en el discurso, de formular propuestas de integración regional. Nunca un presidente de los Estados Unidos salió con la cola entre las patas como lo hizo George W. Bush en Mar del Plata en noviembre de 2005.Estados Unidos ahora quiere reflotar la Cuarta Flota (imperial) El objetivo central será la seguridad, según adelantó el comandante de las fuerzas navales del Comando Sur, el contralmirante James Stevenson. Servirá, dijo, para enviarle un mensaje a toda la región, no sólo a Venezuela."La flota podría aportarle más relevancia a la zona y aumentar nuestra capacidad para actuar", explicó Stevenson al diario El Nuevo Herald. Se tiene previsto que esta flota tenga bajo su "responsabilidad" a más de 30 países, cubriendo 15,6 millones de millas cuadradas, enfocándose en las aguas adyacentes a Centro y Sudamérica, el Mar Caribe, sus 12 islas y territorios europeos de ultramar, el Golfo de México y una porción del Océano Atlántico. Que atentos.Esta flota está formada convencionalmente por escuadrones o divisiones, que pueden operar sobre lo que ellos llaman "aguas azules" (océanos), "aguas verdes" (litorales) o "aguas marrones" (fuerzas costeras o fluviales), mientras las task forces (fuerzas de tarea) son grupos especiales que se forman para conducir operaciones especificas. Así las cosas.Los Estados Unidos nos presentaran en este caso específico el nuevo súper portaaviones George H. W. Bush, este es el último de la clase Nimitz, con propulsión nuclear y armamento de destrucción masivo, es decir nuclear, que pronto quedará anticuado porque ya está en marcha uno nuevo que construye la multinacional estadounidense de armamento y tecnología bélica Northrop Grumman Newport News, el astillero mas grande del país, el Portaaviones USS Gerald Ford, será el primero de una nueva clase, con tecnología stealth (invisible a los radares) y armas electromagnéticas.Pero volvamos a nuestras propias contradicciones. Nuestros gobiernos firman convenios con los Estados Unidos, tal el caso de la Argentina con el adiestramiento "Gaucho-Gringo 2008" o el Unitas Fase Atlántica, o el Panamax, entre otros. El convenio actual es con un gobierno del que se ha tomado "distancia", es un gobierno que implementa la "tortura humanitaria" ("para salvar miles de vidas") que practica un programa secreto de interrogatorios y encarcelamientos de sospechosos de terrorismo, que incluye el empleo de los métodos más duros, entre ellos la privación de sueño, insultos, amenazas, el uso de drogas y simulacros de asfixia con agua, es decir que usa métodos ahora legales en los Estados Unidos porque son parte de la nueva legislación antiterrorista y que pretenden imponer en el resto del continente para homogenizar la lucha contra el terrorismo y elnarcotráfico.Se firma un convenio con los Estados Unidos en el momento en que ellos demuestran con su polifonía de intervención en la región, de dar claras señales a Rusia, China, India y al propio Brasil que no le dejarán el terreno abandonado, no dejarán su patio trasero libre. Mientras tanto, por acá siguen los discursos de integración y de cooperación regional enmomentos en que el gobierno de Luís Ignacio Lula da Silva impulsa con fuerza la creación de un consejo sudamericano de defensa, cuyas líneas serán presentadas oficialmente próximamente.Para ser honestos hay que decir que para los funcionarios estas no son contradicciones, son pues, líneas de trabajos paralelas y que entre ejercicios y encuentros, la Argentina busca un punto de equilibrio entre los dos pesos pesados del continente.No se puede aceptar tamaño artilugio discursivo.Nuevas leyes antiterroristas, intercepciones de comunicaciones, nueva tecnología de combate, e inmunidad a soldados norteamericanos serán la agenda próxima. A modo de ejemplo, hace unos días el gobierno de la provincia del Chaco, Argentina, ha dado explicaciones para tranquilizar a los intranquilos de siempre, que el convenio con la embajada norteamericana que habilitó a efectivos del Comando Sur a operar en su territorio no tiene nada de malo, solo se dedican a realizar estudios topográficos, sociales, sobre los recursos naturales, es decir; inteligencia en general, pero con el pretexto de ayudar a una dirección de emergencia local a combatir un supuesto desastre o catástrofe ambiental. A estos operativos se los denomina Operativos Nuevos Horizontes; son, según el Comando Sur Naval de Estados Unidos, "misiones de ayuda humanitarias y civiles diseñadas para promover la buena voluntad y mejorar las relaciones entre Estados Unidos y la nación organizadora.No estamos entonces ante un problema de políticas paralelas, estamos ante un peligro generado por políticas contradictorias. Una vez más los hechos son superiores a los dichos, pues los actos hablan de lo que somos y hacia donde vamos, sin embargo no perdemos las esperanzas sostenemos que los mandatarios son producto de sus pueblos, y creemos que los pueblos del continente anhelan la integración regional y por ello celebran los anuncios de unidad.Dependerá sin duda que los pueblos no bajen los brazos, y que demanden a sus representantes menos contradicciones y más lógica integracionista.
Juan Roque
http://grupojauretchecta.blogspot.com/
Nota de interés publicada en el Blog de la área docente del Grupo Arturo Jauretche-Lista Ocre del SUTEBA-CTA
Publicado por Sociólogos PBA en 17:08Etiquetas: notas de interés
NUEVAS INVESTIGACIONES CON USUARIOS DE DROGAS. DEBATE CON EXPERTOS
Publicado por Sociólogos PBA en 10:32Estimado colega:
Queremos invitarlo al encuentro NUEVAS INVESTIGACIONES CON USUARIOS DE DROGAS. DEBATE CON EXPERTOS que se desarrollará el día 24 de abril de 2008, de 14.00 a 16.00 horas en el Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay (CINU), sito en Junín 1940, primer piso, Ciudad de Buenos Aires.
El encuentro tiene por objetivo la presentación de los resultados de dos estudios con usuarios de drogas realizados por Intercambios Asociación Civil durante el año 2007:
o Determinación de seroincidencia y resistencia de VIH en usuarios de Drogas.
o Estudio de infecciones de transmisión sanguínea y sexual y prácticas de riesgo en usuarios de pasta base de cocaína del Área Metropolitana de Buenos Aires.
Luego de la presentación se realizará una discusión con los referentes de las instituciones participantes, investigadores y expertos en la problemática de VIH y/o uso de drogas.
Es importante destacar que entre ambos estudios se entrevistaron 574 usuarios de drogas del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los usuarios fueron contactados tanto en su entorno, por medio de programas de reducción de daños, como en instituciones que brindan tratamiento de asistencia para adicciones. Se relevaron aspectos relativos a sus prácticas sexuales y de uso de drogas, y se realizaron serologías para infecciones de transmisión sanguínea y sexual.
Los invitamos a conversar los resultados de los estudios y a compartir sus experiencias, conocimientos y apreciaciones para contribuir al diseño de estrategias preventivo/asistenciales y fortalecer el dialogo entre los que trabajamos en estos temas.
Dr. Marcelo E. Vila Lic. Diana Rossi
Por favor, confirme su presencia por correo electrónico antes del viernes 18 de abril, escribiendo a investigacion@intercambios.org.ar
Etiquetas: notas de interés
Algunos comentarios sobre el lock out agrario y la dinámica de la situación
Publicado por Sociólogos PBA en 19:18Por Ricardo Aronskind
La secuencia del conflicto es importante.
¿Cuándo estalla el conflicto agrario? Con la imposición de retenciones móviles. Este es el centro del tema. No lo es el aumento de las retenciones lo que detonó el conflicto –ya que efectivamente unas subieron pero otras bajaron- sino el corte de las expectativas de gigantescas ganancias a futuro recortadas por la aplicación de retenciones móviles. Ahí arranca todo. Es importante tenerlo claro, porque los problemas que tienen los pequeños productores hasta ese momento no habían generado ningún movimiento significativo. Los cuatro sectores de propietarios pasan a la acción fundamentalmente por lo de las retenciones móviles: están disputando renta futura, que sería apropiada mayormente por los grandes actores agrarios, y no por los pequeños.
El gobierno no diferenció, al establecer las retenciones, entre pequeños y grandes productores. ¿Y ellos, se diferenciaron? , o salieron juntos a luchar por el mismo programa ¿Y ese programa, a quien beneficia centralmente?
La división del trabajo al interior del lock out es clara.
La función de los pequeños en todo esto no es menor: son quienes aportan la cara “genuina” del lock-out. Son los que trabajan en serio, son los que cortan las rutas y ponen el cuerpo, son los que arrastran a familias y vecinos, los que generan simpatía en los medios, porque realmente necesitan ayuda y están realmente enojados. ¿Qué pone el gran capital agrario en el lock-out?: nada menos que los principales medios de comunicación escrita, oral y televisiva, algunas estructuras partidarias (el ARI de Carrió, el PRO), apoyos urbanos variopintos, incluido el de los rentistas que viven en la ciudad, y el certificado de “blanquitud” de la protesta. No es lock-out sino “paro”, no son los propietarios sino “el campo”, no son piquetes sino “cortes de ruta”, no son las retenciones móviles contra lo que luchan sino contra “la soberbia”, no son los precios internacionales increíblemente elevados la fuente de super-ganancias sino “el esfuerzo de los productores”.
La combinación es poderosa, y tiene capacidad para generar un cuadro potencialmente grave: desabastecimiento y golpe inflacionario en las ciudades, con el consabido malestar de la población (que usualmente no entiende por qué ocurren estas cosas), violencia y eventuales muertes en los cortes de ruta (con la exacerbación de pasiones que genera el martirologio), crisis política en el partido gobernante (donde se pondrían de manifiesto los aliados atados con alambre que supo juntar el kirchnerismo).
¿Por qué los sectores más débiles del agro no luchan contra los otros segmentos de la cadena que les estrujan la ganancia? ¿por qué consideran natural que la sociedad subsidie el gasoil, la electricidad, el tipo de cambio y otras transferencias directas? ¿por qué son tan fáciles para manipular por el gran capital y la derecha? Es una vieja historia vinculada a la configuración cultural e ideológica de todos los sectores rurales del mundo. En los ´90, se tomaron medidas que fundieron a 300.000 productores, y no hubo esta combatividad, esta rebeldía contra la “opresión” y la “soberbia”. Ojo con las idealizaciones: porque produzcan efectivamente riqueza, o porque sean los más débiles de los propietarios rurales, no se transforman automáticamente en portadores de progreso, ni de racionalidad, ni de solidaridad: ni piensan en el efecto de sus piquetes sobre los débiles de la ciudad. Y están luchando, puntualmente, por super ganancias.
Brilla –por su inexistencia- en esta “gesta” de los propietarios rurales la nula referencia a la dependencia tecnológica de las semillas transgénicas de las multinacionales, y de su dependencia de un mercado comercializador oligopólico (en general, multinacionales). Toda la lucha es contra el estado, como antes de la llegada del menemismo… no aparece ningún otro actor que los afecte o perjudique. Si se compara el conjunto de la problemática de los pequeños productores –que es amplia y compleja- con el objetivo específico de esta lucha, se observa que lo único que se encuentra expresado es la demanda contra las retenciones móviles, contra el gobierno y contra el estado. Este lamentable recorte de la problemática se inscribe en la lógica ultraliberal que sostiene que es el estado la fuente de los problemas, y que si se abstuviera de “meterse” con el sector privado todo andaría estupendamente bien… No es nueva, pero no deja de sorprender, la pobreza de miras de las dirigencias empresarias argentinas.
Un triunfo hegemónico del sector agropecuario es su insistencia, tomada acríticamente por los medios, en torno a una palabra: productores.
Productores, en economía, son todos los que producen directa o indirectamente riqueza. O sea, un porcentaje muy alto de la población. En una economía compleja y moderna, no es aceptable (porque no existe en la realidad) que se recorte –para resaltar sus méritos productivos- un determinado componente del sistema económico de todo el resto, sin el cual aquel no existiría. La única diferencia entre los que producen alimentos, de aquellos que producen bienes industriales o servicios necesarios (educación, salud, transporte, construcción, servicios públicos, etc., etc.) es que quienes producen alimentos pueden privar al resto de los mismos. Esto no habla de un atributo moral, de una particular nobleza, sino de un atributo de poder. Todo trabajador que cumple un rol importante en el proceso de producción y distribución de la riqueza social puede privar a los otros de algo importante. Los que poseen hoy los medios de producción en el agro privan de alimentos al resto de los eslabones productivos.
¿Qué pasaría si ocurriera a la inversa, si se les negaran los indispensables insumos industriales, servicios, etc.? ¿Qué pasaría si se les cortaran la energía eléctrica, las telecomunicaciones, el abastecimiento de combustibles, y todos los bienes urbanos imprescindibles para que funcionen? ¿Hasta cuando seguirá esta impostura de que son los únicos actores estratégicos de la producción?
Hace muchos años que la sociedad argentina viene arrastrando esta rémora ideológica, y no la termina de superar. El “campo” es una parte de Argentina, y no al revés. El país no le debe rendir una pleitesía especial a ningún sector productivo. Es más, parte de nuestro actual subdesarrollo tiene que ver con haberse quedado estancados en una imagen atemporal de los beneficios de la mera agricultura. A esta altura del siglo XXI es muy claro: no existen potencias agrícolas.
La fisiocracia, teoría económica arcaica superada hace más de 200 años, planteaba que sólo el agro producía valor, y el resto de las actividades sociales eran “estériles”. Adam Smith -no Carlos Marx-, sostuvo en 1776, en “La riqueza de las naciones”: Los terratenientes son la única de las tres clases (se refiere también a los asalariados y a los capitalistas) que percibe su renta sin que le cueste trabajo ni desvelos, sino que la perciben de una manera en cierto modo espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio para adquirirla. Esa indolencia, consecuencia natural de una situación tan cómoda y segura, no sólo les convierte a menudo en ignorantes, sino en incapaces para la meditación necesaria para prever y comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.
La otra secuencia que hay que tener claro es que el endurecimiento agropecuario, la radicalización desorbitada de la protesta, no se produce después del discurso de Cristina Fernandez, sino antes. Toda la argumentación sobre un supuesto discurso confrontativo, que denigró, ofendió u ofuscó al sector es inaceptable, porque no están luchando por estilos políticos. No hay nada que ofenda en el discurso, salvo que argumentó y defendió una política pública. ¿Qué debe hacer un jefe de estado que toma una decisión que considera correcta? ¿Retirarla ante la amenaza? ¿Pedir perdón por haberla tomado? ¿Lamentarse públicamente de defender el interés general, confesar que se equivocó al hacerlo? Cuando desde ese mismo lugar institucional se lanzó la frase (insólita en un país moderno) “Ramal que para, ramal que cierra”, no apareció ningún escandalizado de los actuales por la soberbia y la dureza presidencial.
Ese argumento –la supuesta vocación ofensiva y confrontativa presidencial- repetido al unísono por los representantes agrarios y los medios busca el progresivo desgaste mediático de la figura presidencial, en pos de su posterior desplazamiento.
El tema de la “soberbia” y la “provocación”, sirven para crear un clima emocional de enojo irracional con el gobierno, una suerte de “ofensa inadmisible” que no estaría en las palabras, sino… “en el tono”. Parece demasiado poco como para justificar el pedido que empezó a escucharse la semana pasada, a pocos meses de asumir, que se vaya.
¿Están negociando dos sectores, dos “bandos” equivalentes, como lo presenta masivamente la prensa?
De la respuesta que se dé a esta pregunta dependen muchas cosas.
Si se cree que se trata de una negociación entre un interés sectorial (propietarios agrarios) y la institución que representa al conjunto del país, que es mucho más que la suma de sus partes (el estado), es inadmisible cualquier intento de imposición de medidas de parte de la primera sobre la segunda. Son dos niveles cualitativamente distintos, y no puede sino prevalecer el segundo sobre el primero.
Si se contesta que son equivalentes, se toma al estado como una facción más de intereses (como cualquier otra), o se eleva al sector agrario a la categoría de poder político con capacidad constituyente (establecer y aplicar leyes). En este último caso, se abre una puerta a la total descomposición política e institucional. Los medios de comunicación, masivamente, han contestado claro: son equivalentes.
Hay sectores económicamente poderosos (banqueros, industriales, agro, servicios) acostumbrados a que el estado argentino no tenga poder, y no pretenda ejercerlo. Aguantan un gobierno ajeno a sus filas si es impotente o pusilánime. Si pretende gobernar –en el sentido de tomar decisiones sin pedir su aprobación- empieza la retahíla de epítetos: inmediatamente se sienten agredidos, avasallados, amenazados, “peligran las libertades”. Aparecen las alusiones, como si fueran parte del cuerpo diplomático norteamericano, a Cuba, Chávez, y Evo Morales: el universo oscuro e incontrolado.
Regulación, para ellos, es opresión. Libertad, en cambio, es el ejercicio ilimitado de su poder, como si no existiera sociedad. Los amenaza la regulación estatal, un gobierno que gobierne, que no sea un mero transcriptor de demandas sectoriales como fue el menemismo y la alianza. Más allá de este gobierno, los varios sectores de poder en Argentina no soportan un estado autónomo. Están felices con el estado capturado e impotente. El kirchnerismo ha hecho muy poco por restaurar las capacidades del sector público, pero tiene cierta autonomía decisional que en este caso les resulta intolerable a algunos de los sectores dominantes. Si algo tienen en común las fracciones propietarias (locales y extranjeras) en Argentina, es su hostilidad a un estado eficaz y autónomo.
El caceroleo de las clases medias tiene diversos orígenes: ingenuos, del tipo “salgo a defender al campo”; despistados, del tipo “está subiendo todo, salgo y protesto”; políticos, del tipo “no los soporto a los Kirchner, a los peronistas, no la soporto a esa tipa”; y hasta festivos, del tipo “vamos a hacer un poco de ruido a la calle”. El análisis político tiene sus limitaciones: hay un espacio difuso en el accionar colectivo, donde pueden converger múltiples y variopintas sensibilidades en hechos sociales que no se controlan ni entienden. Apoyan las causas imaginarias que flotan en sus cabezas, desconocen los resultados concretos –políticos- de sus actos, y después se desresponsabilizan y buscan a quien echarle la culpa: siempre se puede salir a cantar “que se vayan todos”.
¿Qué es lo que devela esta crisis? La debilidad del kirchnerismo como construcción política, la debilidad del apoyo partidario y sindical (PJ, FPV, CGT, 62 Organizaciones), la debilidad de la estructura social que lo respalda (¿y los industriales dónde están? ¿y los muchos otros beneficiados por la expansión de estos 5 años?), la debilidad de los supuestos factores de poder “comprados”, como los medios que deberían ser “amigos”. Una enorme endeblez que ha sido puesta de manifiesto por la embestida de las entidades agropecuarias y sus diversos aliados urbanos.
Debilidad que, por otro lado, no sería tal si el gobierno fuera capaz de poner en movimiento al conjunto de sectores afectados por la rebelión de los propietarios agropecuarios, que son muchos. ¿Quiere? No quiere, porque implica establecer un compromiso programático. Implica aceptar un monitoreo externo –aunque sea de aliados. Implica interlocutores. No quiere. Por ahora.
Los acontecimientos encontraron al gobierno semi-desnudo. La presencia de los militantes piqueteros en Plaza de Mayo cortó el día martes una movilización de sectores medios porteños dispuestos a luchar por su propia destrucción, por su propio empobrecimiento, por entronizar en el gobierno a quienes los van a reprimir en serio.
La acción solitaria y decidida de los grupos de D´Elia y Pérsico contrasta con el silencio abrumador de los sindicatos, la CGT, el partido justicialista, y los militantes K, que brillaron por su ausencia en una situación extremadamente fluida que a medida que pasaban las horas se radicalizaba políticamente en contra de la Casa Rosada. Es parte de la endeble construcción kirchnerista, que fue puesta a prueba (y lo seguirá siendo) por un bloque social inesperado, cuya punta de lanza son los más débiles y enardecidos de los propietarios rurales. El justicialismo, en el cual las convicciones casi no existen, respeta a los líderes que garantizan posiciones de poder. ¿Qué pasa cuando estos se tambalean? Lo que a Menem y a Duhalde: a la basura, y busquemos otro. Dado que no es la lealtad precisamente el atributo más abundante en la dirigencia justicialista, bien puede haber mucha gente en este momento jugando internamente al debilitamiento/derrota del kircherismo para “reposicionarse”.
La derecha argentina es antidemocrática. Lo ha sido sin tapujos en el pasado, y no ha cambiado. No ha hecho nada sincero en materia de discusión sobre su participación en la destrucción de las instituciones democráticas y el asesinato de personas. Ninguna fracción importante ha producido en su seno una ruptura seria con el pasado. Ni ha surgido un líder de derecha convincentemente democrático. A lo sumo, se callan la boca, y dicen que hay que “mirar para adelante”. Esta derecha ha estado relegada por las circunstancias políticas luego del desastre provocado por sus ministros de economía, que estalló en 2001. En las decisiones importantes, esta derecha gobernó ininterrumpidamente desde 1989, pero luego de 2001 debió esperar. Cuando uno lee su prensa, desde el comienzo de la asunción de Kirchner, es clara su posición golpista. Ahí está el artículo de Claudio Escribano en la tapa de La Nación diciendo que Kirchner era presidente “por un año”. Son golpistas, no toleran ni a un gobierno de centro. Son autoritarios y no han podido intervenir políticamente hasta ahora ya que han estado acotados por las condiciones políticas locales e internacionales. Pero están buscando la brecha por la cual irrumpir, para lo que necesitan, entre otras cosas, el fuerte desgaste del poder presidencial –que disgregaría a la precaria coalición política kirchnerista- para desplazarla cuanto antes.
Para eso hay que desagregar la coalición electoral kirchnerista, alienándola de sectores sociales amplios: nada mejor que la agresión inflacionaria. El kirchnerismo se viene mostrando impotente para administrar una inflación en incesante aumento, y nada sería más oportuno que darle un envión adicional a los precios mediante fuerte incremento de los productos básicos. Ahí esta el lock-out agrario.
La derecha supo armar con una velocidad pasmosa un frente cívico que aceleró en horas su protagonismo transmutando el tema del “campo” en el tema del poder.
La derecha ha aprendido. Está usando en 2008 métodos de piquetes y movilización popular para sus propios fines. Articula lucha económica, política, mediática y cultural. Hasta aparecieron las típicas oleadas de rumores de saqueos y violencia de 1989 y 2001. Y el “que se vayan todos”, y el “que renuncie”. Alguien comparó la movilización y caceroleo del martes con las jornadas de diciembre de 2001, pero en diciembre de 2001 la clase media salió a reclamar por sus ahorros, para que se los restituyeran. Hoy sale a pedir que la despojen mediante un estallido inflacionario y el desfinanciamiento del estado.
Elisa Carrió contribuye al empobrecimiento del debate sobre los fenómenos económicos y políticos. Su afirmación reiterada de que el dinero recaudado por las retenciones iría a parar a Kirchner y De Vido retrotrae la argumentación a aquel latiguillo que decía que “Cuando Perón llegó a la Presidencia los pasillos del Banco Central estaban abarrotados de lingotes de oro, y cuando se fue no había nada”. Conclusión para bobos: se los había robado. Reducir los debates económicos a problemas de ladrones no sirve, y desvía de lo central. Se debió debatir en su momento si la política económica peronista llevaba o no a un callejón sin salida, y se debería debatir ahora si ésta es una buena política económica o si es estéril para salir del subdesarrollo. El eje ladrones/probos no contribuye a iluminar la base de los problemas argentinos. La propia Carrió debería reflexionar sobre su evolución política que la acerca cada vez más a las perspectivas de los macro-ladrones financieros del país. Además, si la derecha logra -con la colaboración militante de Carrió- el desplazamiento del kirchnerismo, no van a ir a buscar después a una señora que habla de equidad social, precisamente. Es difícil ver a los vaciadores de la Argentina encolumnarse en la cruzada moral republicana.
El enfoque resdistributivo del kirchnerismo es casi neoliberal: por ósmosis, poco a poco, aparece trabajo, malo, mal pago, pero se reduce el desempleo. Los componentes del salario indirecto brillan por su ausencia, y el acceso a la vivienda está aún más lejano que en los ´90. El salario real está estancado, carcomido por una inflación seria que el kirchnerismo se empeña –en un episodio de verdadera demencia política- en negar. Esa debilidad no ayuda a construir lealtades firmes en vastos sectores de la población. Esas lealtades firmes harían más falta que nunca en un momento de confrontación con un actor con poder como el que se está enfrentando.
Asusta la inmovilidad de la sociedad civil agredida por la crisis. Parece que las asociaciones de consumidores no tienen nada que decir sobre el desabastecimiento ni sobre las estrategias para enfrentar la escalada de precios. Los sindicatos no tienen nada que decir, ni qué defender, en relación a la caída del salario real. Su función parece limitarse a pedir aumentos nominales de salario, y no a luchar para mantener el poder de compra de los mismos. Recién a 19 días del paro, uno de los aliados más nobles del gobierno, los organismos de derechos humanos, sacaron un comunicado caracterizando acertadamente lo que se está disputando en este momento. La pasividad de los sectores que deberían mostrar autonomía y agilidad frente a hechos que los involucran plenamente, contrasta con la acción tajante de los propietarios agrarios y la derecha.
La lucha de clases por la riqueza generada es asimétrica en la Argentina: los que quieren despojar a los más pobres no enfrentan un contrapoder social que los equilibre, sino a un gobierno apoyado en aparatos semivacíos, centrado en una construcción verticalista y cerrada, que no quiere estar sometida a compromisos sociales que aten su decisionismo. Los que van a ser despojados, mediante una caída real y significativa en sus ingresos (el 80 % de la población), miran por televisión, y en un 60 % apoya “al campo”. Lo que está en discusión no es si con el kirchnerismo se vive bien: lo que en estos días se puede definir, es si pasaremos a vivir francamente peor.
Cuando surgió el kirchnerismo, allá por 2003, lo entendimos como una postura que –insólita, inesperadamente- se ubicaba a la izquierda de lo que era el promedio político de la sociedad argentina. Recordemos: luego de 12 años de destrucción neoliberal, sus representantes sacaron el 40% de los votos y la primera minoría electoral. Los otros contendientes no tenían una misma posición. La ubicación en el espectro político es siempre relativa, no es que el kirshnerismo tenga un proyecto de liberación, pero la sociedad lo tiene menos aún. ¿Cuánto tiempo podía durar este fenómeno políticamente “irrepresentativo”–en el mejor sentido de la palabra- de una agenda pública dictada por el kirchnerismo? ¿No es razonable que la estructura política “ajustara” en dirección a la verdadera correlación de fuerzas? ¿y porqué no sería así, si no se hizo nada ni desde adentro ni desde afuera del gobierno para que mejorara el nivel de comprensión política de la sociedad?
Y al mismo tiempo nos preguntamos: ¿dónde parará el envión hacia la derecha?
¿Se correrá el fiel de la balanza institucional hacia un reflejo más ajustado a lo que es esta sociedad, o seguirá corriéndose hacia la derecha, aún más lejos?. ¿Por qué, una vez descubierta la debilidad del kirchnerismo, habría que detenerse en doblegarlo solamente por el tema de las retenciones? ¿No hay una amplia agenda de la derecha política y económica aún insatisfecha?
Esto dejó de ser un problema económico-social, de puja distributiva, y se transformó en un problema político, de poder. Según la correlación de fuerzas, en el mejor de los casos, continuarán las retenciones móviles. Si la dinámica política continúa como hasta hoy, domingo 30, puede ser que las medidas que provocaron el lock-out sean retiradas, con el consiguiente debilitamiento del gobierno, a favor de la derecha. Si ésta aprovecha este momento de auge, ahora que están expuestas las debilidades del poder kirchnerista, puede arrinconar al gobierno, y obligarlo a entrar en una lógica de medidas antipopulares que aceleren su desgaste.
Ricardo Aronskind
Licenciado en Economía UBA y Profesor en la Facultad de Ciencias Sociales y Ciencias Económicas de la UBA. Además es docente en la maestría de Historia Económica en la FCE UBA, y en la maestría en Ciencias Sociales del Trabajo en el Centro de Estudios Avanzados UBA.
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Pronunciamiento de Fac. de Cs. Sociales sobre lockout de SRA, CONINAGRO, CRA y FAA
Publicado por Sociólogos PBA en 19:16A continuación damos a conocer una resolución votada por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales sobre el lockout llevado adelante por SRA, CONINAGRO, CARBAP Y FAA
Visto:
La situación planteada en relación con las medidas tomadas por las organizaciones de productores rurales nucleadas en SRA, CONINAGRO, CARBAP Y FAA
Considerando:
Que a la fecha las medidas adoptadas han venido provocando desabastecimiento de alimentos a lo largo y ancho del país.
Que las medidas adoptadas por las entidades citadas constituyen un lock-out patronal que, más allá de matices razonables en relación con la diferente situación de partida existente entre grandes y pequeños productores, conllevan un altísimo nivel de confrontación social en la disputa por la apropiación de la riqueza en la Argentina.
Que a lo largo y ancho del país en los caminos se han registrado inauditas requisas o inspecciones en los camiones y otros medios de transporte por parte de los adherentes a la medida a fin de evitar el traslado de mercaderías, lo que ha ofrecido ejemplos de pérdida de millones de litros de leche y la puesta en crisis de la industria agrícola para el próximo semestre.
Que a la hora de dirimir sobre las retenciones, su aplicación como medida redistributiva del ingreso aparece como necesaria aunque insuficiente.
Que en este contexto, la aplicación de retenciones móviles atiende a reconocer el crecimiento de los precios internacionales de ciertos productos, que se combinan con la rebaja de otros coeficientes de retención.
Que es notorio que las decisiones que se aplican a la exportación de cereales forma parte de un esquema de mayor envergadura que se conjuga con otras variables que han permitido subsidios a los combustibles destinados a la producción, refinanciación de deudas por el Banco Nación, dólar con alto tipo de cambio, apertura de nuevos mercados, disminución del IVA en ciertos productos de la economía de la agro industria, etc
Que, por lo tanto, se está engañando a sabiendas a la opinión pública -y ello con la complicidad manifiesta de muchos medios de comunicación cuyos intereses están ligados estrechamente al llamado "boom de la soja"- al plantear la cuestión como una indebida exacción o aplicación de medidas "confiscatorias" contra los productores rurales, cuando de lo que se trata es de una puja interna de los sectores dominantes por la rentabilidad futura -incluyendo no sólo a los grandes "dueños de la tierra" concentrados, sino también a las grandes multinacionales agroquímicas, exportadoras de grano, etcétera-, como ha sido demostrado por los estudios económicos más insospechables
Que los reclamos de un sector que defiende sus márgenes de ganancias extraordinarias, por importante que sea su contribución a la economía (y muchos de los ya mencionados estudios prueban que no es tan importante como los interesados pretenden afirmarlo), no pueden ejercerse por sobre el interés general de la ciudadanía y de la Nación. En las circunstancias que hoy se hacen presentes, quienes hoy protestan parecen haber olvidado sus propias demandas de atenuación o represión expresadas cuando quienes toman medidas de acción sindical o de protesta social son los sectores de los trabajadores o que han sufrido procesos de empobrecimiento
Que, lamentablemente, ciertos sectores que participaron o adhirieron a la medida de lock-out de la protesta han extendido sus reclamos a otro tipo de circunstancias de la vida democrática cuestionando al proceso del estado de derecho. Y en muchísimos casos lo han hecho con argumentos "clasistas" y aun "racistas" que en sí mismos merecen el más absoluto repudio por su carácter profundamente regresivo y reaccionario
Que, sin perjuicio de lo expuesto, debe enfatizarse que las retenciones a las exportaciones deben ser complementadas por otras políticas de redistribución del ingreso mucho más profundizadas y consecuentes de las que se han aplicado hasta ahora, cuyo eje central sea el aumento de salarios por sobre el nivel de productividad y el costo de vida, además de atender a las situaciones diferenciales que existen dentro de la actividad agropecuaria tanto por las posibilidades económicas propias de los medianos y pequeños productores, cuanto por la relación que los sectores más concentrados de la actividad tienen con empresas monopólicas u oligopólicas nacionales y multinacionales.
Que es imperativo que las soluciones a las que se arriben reconozcan los intereses de la mayoría, el respeto a las libertades públicas y a los derechos humanos del conjunto, entre los cuales se encuentra -ciertamente- el derecho a la alimentación.
Por todo lo expuesto
EL CONSEJO DIRECTIVO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
DECLARA
1º. Que considera inadmisible que la adopción de medidas sectoriales de la actividad agropecuaria alcance a presionar sobre el derecho a la alimentación de millones de argentinos.
2º. Que es deber impostergable del Estado propender a la mejora progresiva de las condiciones de vida del pueblo argentino interviniendo en la actividad económica con herramientas tributarias o de otro orden que atiendan a una más justa distribución de las riquezas.
3º. Su enfático rechazo a cualquier expresión o pretensión sectorial que cuestione la vigencia del régimen democrático, el respeto a los derechos humanos y la continuidad de los juicios por la verdad, la justicia y la memoria.
4º. De forma.
Fuente:
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Buenos Aires
prensa@mail.fsoc.uba.ar
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De como los medios cubrieron el lockout agrario: Posición del Consejo Directivo de la Facultad de Cs. Sociales de la UBA
Publicado por Sociólogos PBA en 18:05A continuación damos a conocer una resolución votada esta tarde por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales sobre la cobertura que los medios realizaron del lockout agrario.
Buenos Aires, 1 de abril de 2008.
VISTO, la actuación de la mayoría de los medios de comunicación con motivo de la cobertura del lock out planteado por los productores agropecuarios; y
CONSIDERANDO, que los medios de comunicación son mayoritariamente empresas configuradas como sociedades comerciales que aún cuando desarrollen una actividad comercial lícita, cabe reclamárseles responsabilidad ética y función social distintivas.
Que aquello con lo que trabajan y construyen sus agendas son mensajes en los que las palabras y las imágenes pesan de modo extraordinario en los que las informaciones, opiniones, puntos de vista, recortes de la realidad, son todas de una indudable y creciente influencia social y política;
Que el reconocimiento al derecho a la información como derecho humano importa garantizar no sólo la libertad de expresión sin censura previa por los propietarios de los medios de comunicación y los periodistas, sino también y fundamentalmente los derechos de quienes reciben informaciones y opiniones como un derecho humano esencial de contenido individual y social de doble vía;
Que, durante el tratamiento periodístico de los hechos vinculados al lock out de la actividad agrícola-ganadera, han existido expresiones de periodistas – no corregidas ni enmendadas por colegas del propio medio o sus superiores – que lejos de importar afirmaciones de hechos o apreciaciones opinables, llenan de vergüenza e indignación por sus contenidos clasistas y racistas, y por la supina ignorancia que revelan;
Que el público de los medios ha recibido muestras inadmisibles de trato discriminatorio de los actores sociales según su capacidad económica o su pertenencia de clase ante formas similares de reclamo de derechos;
Que la gran bonanza económica que vive la producción agropecuaria pos devaluación ha generado un mercado publicitario extraordinario para los medios de comunicación, verificada por la proliferación de espacios dedicados a la información rural, no debería influir explícitamente en la línea editorial de los distintos medios, sin perjuicio de que sería hacer conocer al público de modo ostensible el listado y compromiso económico aportado por los anunciantes.;
Que ha sido notoria la ausencia de contrastes en las posiciones dadas a conocer en los medios sobre las medidas de las cuatro entidades que las convocaron así como sobre sus causas y consecuencias.
Que ello pone de manifiesto, en particular para los medios audiovisuales una constatación empírica de la necesidad de la sanción de una ley democrática de radiodifusión que garantice los derechos del público a acceder a información plural, lo que conlleva la existencia de medidas tendientes a controlar los procesos de concentración mediática y de maniobras de monopolio informativo;
Que aunque en este contexto hace difícil para los hombres de prensa hacer oír sus voces cuando no comparten las líneas editoriales, ello nunca puede suponer la admisión de expresiones discriminatorias como naturales a la profesión y respetuosas de las líneas éticas de la misma.
Que ocurre lo propio, y es igualmente preocupante, respecto a la carencia de comunicaciones públicas de los medios que pongan de manifiesto preocupación por los dichos discriminatorios de quienes actúan por sus cámaras, micrófonos o páginas.
Que los propios periodistas, a través de sus diversas organizaciones, deben hacer públicas sus reflexiones ante actitudes antidemocráticas o discriminatorias de sus colegas y los medios de comunicación;
Que existen organismos del Estado que están facultados para aplicar sanciones o hacer públicas sus consideraciones respecto de quienes cometen acciones discriminatorias
Que para nuestra Facultad, que alberga a la Carrera de Ciencias de la Comunicación, los medios de comunicación y la actividad de los periodistas profesionales constituyen dos de sus principales objetos de estudio;
EL CONSEJO DIRECTIVO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
RESUELVE:
Artículo 1º- Expresar el repudio a las expresiones discriminatorias a las que hemos asistido con motivo del conflicto provocado por el lock out de los productores agropecuarios, tanto por las referencias de clase o por invocar el color de la piel o la situación social.
Artículo 2º- Exhortar al Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) para que en el ámbito de sus facultades:
a) realice campañas por vía de la utilización de espacios para la difusión de cuestiones de interés público (art. 72 Ley 22.285) que pongan en conocimiento de la comunidad argentina la existencia de reglas antidiscriminatorias
b) Proceda a realizar las actividades previstas en la Propuesta Nº 208 del Plan Nacional contra la Discriminación, aprobado mediante el Decreto Nº 1086/05 por medio del Observatorio Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, y de acuerdo a sus objetivos, en los espacios referidos en el punto anterior publique el seguimiento de los contenidos de las emisiones de radio y televisión referidas en los considerandos y difunda las conclusiones respectivas.
c) Realice las investigaciones del caso a fin de dirimir si durante dichas coberturas se han dado a la difusión pública expresiones de contenido antidemocrático o de cuestionamiento a la vigencia del estado de derecho.
Artículo 3º- Invitar a la distintas organizaciones de periodistas profesionales a que realicen un llamado de atención a sus afiliados y socios respecto de las faltas éticas graves que se han cometido durante la cobertura de las manifestaciones derivadas del conflicto por la renta agraria. Como así también a que convoquen al ejercicio responsable en el tratamiento de la información.
Artículo 4º- De forma
Dirección de Comunicación Institucional
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Buenos Aires
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PUBLICADO EN DIARIO PAGINA 12 Lunes, 28 de Enero de 2008
ANA WORTMAN, INVESTIGADORA DE LAS CLASES MEDIAS ARGENTINAS
"La relación con las clases populares está marcada por el miedo"
Para Wortman, el imaginario de las clases medias que había regido entre los años '20 y los '70 entró en crisis definitivamente en el 2001. La expectativa de movilidad social se trocó por una menos ambiciosa, de no perder inserción en la globalidad.
Por Pedro Lipcovich
-¿Por qué las clases medias? ¿Qué clave ofrecen?
-En las clases medias, mejor que en ningún otro lugar social, se visualiza cómo cayó la Argentina en un vértigo de desigualdad creciente. Este proceso se dio en distintos países de América latina, en el marco de las políticas neoliberales; pero el impacto de estas políticas fue mayor en la Argentina, el empobrecimiento llegó a ser más radical que en otros países, justamente por la caída fuerte del salario y del bienestar social de su extensa clase media.
-Usted, en su libro, se detiene en el imaginario social propio de las clases medias.
-Una característica de la Argentina fue, durante mucho tiempo, la extensividad de la clase media: incluso personas que no eran de este sector, en las encuestas contestaban: "Soy de clase media". Personas de la clase obrera se identificaban con el estilo de vida de la clase media: la casa, el auto, las vacaciones pagas; y, sobre todo, había un imaginario muy fuerte: todos podían llegar a pertenecer a la clase media. En cambio en Brasil, por ejemplo, las clases populares no imaginan ni imaginaron nunca que pudieran llegar a ser parte de la clase media: el que nace en una clase popular supone que sus hijos y sus nietos no van a ascender.
-Ese imaginario argentino se sitúa así en tiempo pasado...
-Aquel imaginario entró en crisis, definitivamente, en 2001. Había regido desde la década de 1920 hasta mediados del '70, cuando se desató un proceso de creciente desigualdad social que empezó en 1975 con el Rodrigazo, que impuso una caída muy fuerte del salario. Y se consolidó con el golpe militar del '76 que, como mostró la socióloga Susana Torrado, tuvo un efecto de disciplinamiento social; ese golpe procuró romper los lazos entre sectores radicalizados de clase media y de clase obrera. Entonces empezó el proceso de desigualdad, que se detuvo brevemente durante el alfonsinismo, se consagró en los '90 y fue bruscamente visualizado por las clases medias a fines de 2001. Desde entonces, se hizo clara la conciencia de esa fragmentación. Porque es cierto que habíamos vivido en la burbuja menemista: como había facilidades para el consumo, podía no advertirse o no expresarse el empobrecimiento que, desde 2001, se hizo carne en la sociedad.
-Esa crisis fue "definitiva", dice usted.
-Aquel imaginario desapareció y no creo que retorne. Mucha gente, que se sacrifica día a día para sostener un estándar social, no imagina que sus hijos vayan a superar ese estándar, como sí lo imaginaban generaciones anteriores. En Construcción imaginaria... consigno una encuesta efectuada después de 2001, donde se le pregunta a la gente cómo imagina que era la sociedad 30 años atrás: más del 60 por ciento de los entrevistados la imagina menos desigual que en el presente y con un predominio cuantitativo de la clase media. En la misma encuesta, la mayoría de las personas con hijos imaginaban que éstos iban a estar en un lugar social inferior al de ellos. Esto muestra en forma impresionante la caída del mito de la movilidad social.
-El repunte económico de los últimos años, ¿no modificó esta situación?
-Es cierto que, desde 2004, hay crecimiento económico; incluso se han elevado los salarios en distintos gremios. Pero de todos modos no se alcanza el poder adquisitivo que las clases medias tuvieron en las décadas de los '60 y los '70. El consumo es de corto plazo. Los bancos ofrecen créditos pero la clase media no se endeuda ya para comprarse un departamento. La inversión inmobiliaria apunta a las clases alta y media alta. Hay un crecimiento inmobiliario, sí, pero es muy sofisticado, en Palermo, Caballito, Belgrano. Hasta los '70, en cambio, la clase media en muchos casos podía pagar la cuota de un departamento y había una oferta empresarial que le estaba destinada.
-Y la casa propia ha sido un valor tradicional de la clase media.
-Sin duda. Cuestionada ésa y otras posibilidades, la clase media busca resguardar su identidad en la preservación de valores que antes estaban garantizados: la educación, la salud. Hoy es frecuente que un tipo de clase media alquile el departamento donde vive y pague una educación privada para sus hijos. Es novedoso esto. Y es que la educación sigue siendo nota distintiva de la clase media-media. Tal vez en los niveles de ingresos no se distinga mucho de la clase media baja, pero sí en el valor que le da a la educación: entonces, el tipo se romperá el alma porque considera que la escuela privada les garantizará a sus hijos no ya el ascenso social en el sentido que tenía hace unas décadas, pero sí el acceso a "la globalización", porque esa escuela tiene inglés, computación y esas cosas, entonces parece garantizar no ascenso pero sí inclusión.
-Si el ascenso no es ya posible, el fantasma es el descenso social.
-Lo que rige la sociedad contemporánea es la incertidumbre. Y la relación de la clase media con las clases populares es complicada y está marcada por el miedo: una clase no está muy lejos de la otra; la diferencia puede ser un departamentito, un trabajo, pero la inestabilidad del capitalismo actual puede hacer que uno se quede sin trabajo de un día para el otro. Entonces, las clases populares son una amenaza, son la muestra de lo que uno puede llegar a ser, por ejemplo si se queda sin trabajo. Y las clases medias, ya que no pueden diferenciarse totalmente de las clases populares en lo económico social, tienden a cerrarse en los valores de la educación y de la cultura. En los '60, la cuestión cultural se vinculaba con el proyecto político de lograr una sociedad más igualitaria; esa intención articulaba el boom cultural, la novela latinoamericana, el cine. Hoy, se preserva la expectativa de acumular un cierto capital cultural, pero hay una corporativización de lo cultural que lleva a posiciones elitistas y se plasma en lo que merece ser llamado gorilismo: una actitud despectiva en relación con las clases populares.
-¿Cómo puede ejemplificarse esa actitud despectiva?
-Bueno, por ejemplo, después de las últimas elecciones, Elisa Carrió, fastidiada porque en la provincia de Buenos Aires no le fue muy bien, sugirió que las clases medias y altas tendrían que enseñarles a las clases populares a votar. Por lo demás, el voto urbano a Carrió, que no oculta su referencia religiosa, podría dar cuenta de la caída de la tradición laica de las clases medias. Pero también Daniel Filmus planteó que, con la victoria de Macri, la gente culta de Buenos Aires había perdido la elección: si el discurso progresista se sostiene en ese orden de ideas, va a parar a posiciones reaccionarias. Son reflexiones propias de la élite porteña de 1910. Digamos que si la clase media se sostiene sólo por la dimensión cultural, pierde de vista perspectivas más complejas de la sociedad.
-¿Ese gorilismo de la clase media se habría incrementado en los últimos años?
-Me parece que en todos estos años se consagró, como una actitud defensiva de la clase media, el regreso a representaciones que deben designarse como gorilas, muy gorilas, respecto de las clases populares; representaciones que habían desaparecido en otros tiempos. Y esto se puso en escena en las últimas elecciones generales: las clases medias se autoacuartelan, quieren defenderse ante la amenaza del descenso social, con las clases populares como fantasma.
-Esto es nuevo en la Argentina...
-Es cierto que puede vincularse con una tendencia internacional: hoy tiende a perderse el estilo cosmopolita que caracterizó a las ciudades en las primeras décadas del siglo XX; la gente no se mezcla, se agrupa en espacios sociales comunitarios específicos. Entonces, en Buenos Aires, algunos van, digamos, a Palermo, a adquirir identidad consumiendo lo que allí se ofrece; buscan un lugar "de iguales". O se van a vivir a un country, donde no va a haber sorpresas como las había en la vida urbana; se trata de buscar gente igual, con el mismo estilo de vida, que ya se sepa cómo son. En un marco de creciente desigualdad social, hay sectores que procuran una especie de vuelta a lo comunitario, en un estilo, diríamos, premoderno: en la sociedad tradicional las relaciones eran cara a cara, todos se conocían, mientras que el emblema de la sociedad moderna pasó a ser la ciudad. Pero la ciudad, atravesada por la desigualdad, se ha vuelto amenazante, inhóspita, caótica, contaminada. Y la gente se aísla.
-Dentro de la misma clase media, ¿incide la fragmentación social?
-Ya poco después de la crisis de 2001, al investigar en grupos focales, se registraba cómo sectores de clase media que no se sentían identificados con "esos del Barrio Norte que salieron a cacerolear", con los que tenían dinero en el banco y protestaban por el corralito; ahí podía discernirse una fragmentación. Pero la fragmentación era previa, y venía agudizándose desde la segunda mitad de la década de los '90, con el desempleo y la pérdida de poder adquisitivo del salario. Con el menemismo, hubo un sector minoritario de la clase media que asciende socialmente. Están entre los que Maristella Svampa llama "los ganadores": vinculados con el proceso de globalización económica, se incorporan en actividades ligadas con las corporaciones trasnacionales, las industrias culturales, las comunicaciones. Entre tanto, se empobrecieron los sectores de clase media dependientes del empleo público o de las pymes, incluyendo profesionales, desde médicos hasta maestros.
-Unos subieron, otros bajaron.
-En ese contexto de fragmentación de la clase media, en los '90 aparece un fenómeno novedoso, que destacó la investigadora Susana Torrado: el desempleo profesional. Históricamente, el desempleo en la Argentina se había restringido a personas con baja calificación; en los '90 aparece el desempleo en las clases medias y afecta a gente con alto nivel de calificación. Hay profesionales que pasan a ser nuevos pobres; ellos eran de la clase media, y siguen siéndolo por su capital cultural y quizá porque poseen una propiedad, pero no en términos de sus ingresos. Por otro lado hay un sector de la clase media que sí ascendió, que muchas veces se desplazó a los barrios cerrados; hay unos cuantos countries que son de medio pelo. Y, por supuesto, ellos mandan a sus hijos a colegios privados. Antes, la movilidad social ascendente estaba garantizada por el Estado: una buena escuela pública, salud pública, seguridad social. Todo eso tendió a privatizarse, ahora hay que pagarlo; entonces, aun en los casos de movilidad social ascendente, lo que sucede no refleja un ideal del conjunto de la sociedad.
-En Construcción imaginaria..., usted observa que la clase media apela a un discurso moral para el que los pobres "de ahora" se identifican con la delincuencia, a diferencia de los de antes que serían "menos malos".
-Es que los pobres de antes eran los padres, los antecesores del sujeto de clase media; eran aquellos pobres de origen europeo, sostenidos en la cultura del trabajo, "pobres pero limpitos". Por otra parte, recordemos que, hace unas décadas, a las clases populares no se las designaba como "pobres", sino como "clase trabajadora". Y hay que reconocerle al peronismo haber consolidado la dignidad de esa clase. Y la pobreza se manifiesta por la pérdida de esa dignidad: perder el acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, al trabajo, vivir al límite, sólo para comer, reproducirse, sobrevivir. En estos sectores se ha llegado a una resignación muy profunda, con la vivencia de que el discurso moral, que postula postergar las gratificaciones en aras de un futuro mejor, no tiene ya ningún sentido.
-¿El reemplazo de "clase trabajadora" por "pobres" sería correlativo al incremento en la desocupación?
-Ya durante el alfonsinismo, desde el Estado se efectuó una investigación denominada "La pobreza en la Argentina". Fue la época en que se distribuían las "cajas PAN", con alimentos esenciales: se reconoció la existencia del hambre en la Argentina. Hasta entonces, si había hambre en Santiago del Estero o en Jujuy, mucho no se hablaba. Pero fue en la crisis de 2001 cuando el hambre llegó a la ciudad de Buenos Aires. Y la mediatización social, la presencia más fuerte de los medios, contribuyó a visibilizar problemas sociales.
-¿Qué alcances tiene la caída del mito de la movilidad social?
-Es nada menos que la crisis, no de cualquier imaginario, sino del que fundó la sociedad argentina en el siglo XX. Siempre, los lazos sociales se constituyen a partir de algún mito: en la Argentina, el mito incluía la creencia en que, si uno trabajaba, si uno estudiaba, si uno se sacrificaba, podía ascender socialmente. Hoy parecería construirse otro mito, el de una sociedad desigual. La sociedad ya no es igualitaria. Nuestros hijos no estarán mejor que nosotros. En el mejor de los casos no caerán en el lugar del excluido, quizá gracias a la educación. Pero el estudio, que en este país, a diferencia de otros de América latina, fue un valor muy fuerte y accesible, ha dejado de garantizar el ascenso social.
-El quiebre no ha sido sólo económico...
-Es que el sentido de la acción siempre es cultural: cada uno decide hacer determinadas cosas a partir de determinados valores. El valor de la escuela como garante del ascenso social entró en crisis. Y las escuelas públicas ya no son todas iguales: hay escuelas públicas para clase media alta, para clase media, para clase baja. En la educación pública misma se reproduce la fragmentación social. Hay cooperadoras de escuelas públicas dirigidas por padres de clase media venida a menos, los mismos que en los '90 hubieran pagado una escuela privada y que, ahora, desde las cooperadoras intervienen para determinar quiénes entran y quiénes no, según la profesión y el nivel socioeconómico de los padres. Esto hubiera sido impensable hace unas décadas, cuando se admitía que la escuela pública era un lugar de cruce de clases. Pero hoy esos padres tratan de preservar una identidad de clase amenazada por la pauperización, y temen que sus hijos se crucen con alguien diferente.
-En su libro, usted advierte sobre el papel de los medios de comunicación al sostener esas tendencias segregatorias.
-Paralelamente a la crisis, se dio un proceso de concentración mediática muy fuerte, y el tipo de discurso difundido en los medios vino a legitimar la conformación de un orden social desigual. En 2001, cuando fue el estallido, muchos medios, sobre todo la televisión, exaltaban la protesta de las clases medias, con sus cacerolas, los comunicadores se identificaban con esa protesta y la diferenciaban de una cierta amenaza social, atribuida a los saqueos en el Gran Buenos Aires: establecían un corte muy neto, de connotaciones morales, entre la clase media, tan trabajadora, que protesta pacíficamente, y los que se expresan violentamente. A veces se asociaban los saqueos con la violencia armada de la década del '70, "Volvió la violencia", como si fuese lo mismo. Era un discurso muy moralista, como para confirmar la teoría de que los medios cumplen una función de disciplinamiento social. Cierto que en 2001 el fantasma del sujeto de clase media era llegar a convertirse él también en un excluido. Y lo que se planteaba tácitamente era que los pobres, los hambrientos, el tendal de excluidos que había dejado el modelo económico de los '90, eran una amenaza.
-¿Esto continúa, a su juicio?
-Ese discurso no se detuvo, y se exacerbó en relación con la "inseguridad". La inseguridad está puesta en los excluidos sociales. En los programas periodísticos, todo el tiempo, se plantea que la pobreza trae inseguridad; como si hubiera una relación inmediata entre las dos cosas. Muestran cómo vive la gente, muestran imágenes de chicos desnutridos en Tucumán, pero lo que subyace es la amenaza de que nos saqueen, de que nos destruyan las casas a nosotros. Y cuando se le pregunta a la gente qué recuerda más de 2001, sucede que recuerda la violencia de los pobres pero no la violencia policial. También en los medios se hace presente lo que vale llamar gorilismo: la actitud despectiva en relación con las clases populares. Y esto se expresa también en la teoría supuestamente progresista de que la pobreza genera delincuencia. No es que ambas cosas estén desvinculadas, es posible que si las condiciones socioeconómicas fuesen mejores habría menos delitos contra la propiedad, pero, por ejemplo, si, en villas de la Capital o barrios del conurbano, hay pibes que viven de la venta de droga, es porque existe el narcotráfico, y el capitalismo se apoya en el narcotráfico, a través de prácticas como el lavado de dinero: no es una cosa de afuera, externa a la dinámica financiera.
-Ciertas ideas, más allá de que se presenten como de derecha o como "progres", remitirían a un imaginario de clase media.
-Sí, en la medida en que desconozcan que los problemas sociales tienen que ver con complejas relaciones de dominación. Y estas relaciones remiten a su vez a un ámbito regional: el narcotráfico, la circulación del capital en el marco de la globalización, son problemas de América latina, y por eso los presidentes tienden a vincularse cada vez más.
-Correlativamente, ¿hay articulación entre imaginarios sociales en los distintos países latinoamericanos?
-Las clases altas tienden a ser cada vez más parecidas en términos de consumo, de acumulación de capital y de estilos de vida: cada vez son menos nacionales, la acumulación de dinero tiene que ver con negocios a nivel internacional; comparten el consumo ostentoso, la cuatro por cuatro, y comparten la práctica frecuente de hacer negocios no del todo santos. En la Argentina lo distintivo, aún hoy, sigue siendo la importancia de las clases medias, y por eso vale la pena estudiarlas.
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Loic Wacquant: "La inseguridad social será el tema del futuro"
Publicado por Sociólogos PBA en 17:28Los intelectuales del mundo
"La inseguridad social será el tema del futuro"
Lo dice el sociólogo francés Loic Wacquant
Lejos de ser un sociólogo de laboratorio, al francés Loic Wacquant le gusta meter los pies en el barro: no dudó en hacerse boxeador, en Chicago, para llegar a comprender, en su propia piel, las claves de la nueva marginalidad urbana, el área de su especialidad.
La tesis central de sus trabajos sobre los guetos urbanos resulta inquietante: "Al contrario de lo que se supone, el crecimiento económico fabricará más y más pobres. La solución a la desigualdad ya no pasará exclusivamente por generar más empleos y que la gente pueda vivir de su trabajo. Eso ya no será posible, porque la supervivencia no podrá garantizarse sólo a través del mercado laboral. Se deberá pensar en nuevas maneras de distribuir los derechos sociales y económicos, porque la inseguridad social será el gran tema del siglo XXI".
Wacquant, de 47 años, es el principal discípulo del sociólogo francés Pierre Bourdieu, uno de los más influyentes y conocidos del siglo XX. Con él escribió Una invitación a la sociología reflexiva.
Durante una entrevista con LA NACION, afirmó que el rechazo de buena parte de la clase media a las protestas piqueteras encubre un profundo miedo colectivo a caer en la marginalidad. "La incertidumbre de las personas de clase media de no tener seguridad en su trabajo les genera una gran ansiedad, porque temen no poder transmitirles a sus hijos su estatus social. Ese pánico se transforma en hostilidad. «Ese podría ser yo», piensan cuando se topan con un piquetero", dice, agudo, Wacquant, que también es antropólogo.
Loic Wacquant vive actualmente en Estados Unidos, donde dicta clases en la Universidad de California, en Berkeley.
De paso por la Argentina, invitado por la UBA, en el marco del 50° aniversario de la carrera de Sociología, dio una conferencia y visitó la cárcel de Devoto, donde habló con los presos.
Aprovechó también la visita para presentar su último libro, Los condenados de la ciudad. Guetos, periferias y Estado , editado por Siglo XXI.
-Usted debe de ser una especie de bicho raro en Estados Unidos, ¿no?
-[Se ríe a carcajadas] Bueno, en realidad todos los intelectuales en Estados Unidos lo somos, de algún modo. Los grandes diarios no nos entrevistan. Somos ignorados y estamos marginados del debate público.
-Algo así como piqueteros intelectuales en su propio gueto...
-Sí; de allí que me resulta muy gratificante viajar por América latina y por Europa, donde realmente considero que hay discusión intelectual.
-¿Cuando fue boxeador tampoco lo entrevistaban?
-¡Ah, sí, ahí sí! Me entrevistó el Chicago Tribune porque, al parecer, les parecía muy exótico y simpático que fuera intelectual y a la vez boxeador. Una nota de color, en fin... Pero nunca me preguntaron por mis conclusiones sobre la vida en la prisión, por ejemplo. A propósito: estuve en Devoto hablando con los prisioneros y me quedé muy conmovido por los cursos universitarios que se dictan en las cárceles argentinas. Es un avance enorme con respecto a Estados Unidos, donde se eliminaron esos programas. El trabajo de los docentes argentinos al conectarse con la gente en la prisión no sólo me resulta muy conmovedor, sino que además demuestra que la cárcel es parte de la sociedad, no algo de otro planeta.
-Usted dice que el crecimiento económico no sólo traerá bienestar, sino también más marginalidad. Pero la verdad es que no me imagino a los políticos argentinos proponiendo un retroceso. ¿Qué solución potable sugiere?
-La solución no pasa por frenar el crecimiento, sino por dejar de ilusionarse con que remediará la marginalidad, porque es al revés: traerá más pobres si nos quedamos esperando que el mercado laboral mejore y que la gente consiga trabajo. La expansión del trabajo precario asalariado, con baja remuneración, hecho que ya estamos viendo en los países más desarrollados, generaliza la inseguridad social. Es necesario buscar políticas públicas que ataquen la marginalidad en forma más directa.
-¿Cómo es eso? Si no es del trabajo, ¿de qué vamos a vivir?
-La principal fuente de marginalidad es el desempleo y la proliferación del trabajo part time y en negro, y eso no se resolverá con el crecimiento económico. La precariedad no es un fenómeno pasajero ni del pasado: está en nuestro futuro. En adelante, ya no podremos depender del salario para garantizar lo básico. Se requerirá un mayor compromiso del Estado para distribuir los principales bienes sociales: tener un techo sobre la cabeza, no morir de una enfermedad curable, poder trasladarse, tener acceso al entrenamiento laboral...
-¿Propone algo así como un piso mínimo de derechos básicos, garantizado por el Estado?
-Sí, pero cuando hablo de una política pública igualadora no es porque ame el Estado. No debe ser entendido el Estado como la teología de la izquierda. Precisamente a mí me parece que el desafío del siglo XXI es salir de la discusión de Estado versus mercado, como si fuera un debate religioso. El punto es que hasta ahora no se ha inventado un instrumento mejor para reducir la desigualdad. Mientras los pobres afrontan una inseguridad objetiva, la clase media sufre otro tipo de inseguridad social. Se trata de la inseguridad subjetiva, porque los trabajos son cada vez menos seguros. Entonces se comienza a sentir incertidumbre por el futuro, la ansiedad de no saber si se podrá transmitir a los hijos el propio estatus social. Eso lleva a la clase media a sentir hostilidad por los marginales, que aquí pueden ser los piqueteros. El rechazo esconde un temor profundo, que dice: "Ese podría ser yo". El piquetero es una amenaza concreta.
-O sea que la hostilidad de buena parte de la clase media argentina hacia los métodos piqueteros, los palos y los cortes de calle encubre, según usted, el miedo a la marginalidad propia...
-Sí, pero en el caso de los piqueteros el miedo es doble, porque con los palos evocan y agitan una violencia ancestral. Los piqueteros son una manifestación extrema de esa sensación de no tener un futuro, en la que tenés que hacer algo desesperado, como es irrumpir en la vida pública, para intentar resolver tu situación. Pero, pienso yo, su situación no puede aislarse de la del resto de los asalariados.
-Algunos dicen que a ciertos sectores del poder, incluso a cierta dirigencia política, les conviene que haya pobres, porque son manejables.
-Yo diría, más bien, que no les importa. Hay un enorme egoísmo social que hace que los que más tienen digan: a mí me va bien, yo estoy haciendo plata. Es tu problema... Hay un individualismo que lleva, incluso, a echarles la culpa a los pobres por su condición.
-Muchas veces el poder político ha usado los planes sociales para generar redes de clientelismo y atacar la dignidad de las personas, en lugar de fortalecerlas.
-Yo creo, sin embargo, que este tema de la dependencia es un prejuicio contra los pobres. Se cree que si a los pobres se los ayuda con subsidios no van a trabajar, pero no se piensa lo mismo de quienes tienen bonos y participan en la Bolsa. Nadie dice que a quienes viven de rentas no les gusta trabajar. El trabajo implica participar en la corriente de la vida, hace a la identidad de las personas. Que se reciba un subsidio en forma de ayuda social no implica que la gente deje de trabajar. Ese es un mito.
-Mi pregunta apuntaba al uso del clientelismo político. En la Argentina, al menos, hay una fuerte conexión entre las políticas sociales y los aparatos políticos tradicionales que buscan perpetuarse en el poder a cualquier precio.
-El tema es complejo, porque el discurso de la dependencia es dual. Hay una larga tradición latinoamericana según la cual las grandes firmas reciben grandes subsidios del gobierno o ventajas fiscales. ¿Nadie piensa que esas empresas son dependientes?
-Claro que sí. También se habla de empresarios cercanos al gobierno de turno, o distantes de él, y se evalúan sus privilegios en virtud de los beneficios que obtienen. Ahora, ¿cómo se construye ciudadanía en el marco de una marginalidad creciente?
-Me pone contento que haya sacado el tema de la ciudadanía, porque me parece otro debate central de las nuevas sociedades. El incremento de la nueva marginalidad urbana es una gran amenaza para la construcción de ciudadanía, porque fragmenta y erosiona los derechos fundamentales. La pregunta que deberíamos hacernos, lejos de paradigmas fundamentalistas que se reducen a Estado versus mercado, es cómo vamos a extender los derechos sociales y económicos a todos los ciudadanos. ¿Cómo vamos a poner la institucionalidad al servicio de la construcción de ciudadanía? Y en ese marco no veo otra solución que organizar las instituciones públicas para distribuir esos derechos. Porque si esperamos que lo haga el mercado, esperaremos de por vida y la pobreza se hará endémica.
-¿Corre peligro la Argentina de tener el nivel de marginalidad de Brasil? ¿Podrán convertirse nuestras villas en favelas, así de violentas y penetradas por los narcos? Sabrá que en los últimos años se cuadruplicó la población de las 14 villas que existen en Buenos Aires, por darle sólo un ejemplo.
-Justamente por eso no hay que dejar que la marginalidad urbana se convierta en algo natural. Yo no compararía, por ahora, las villas miseria con las favelas, pero sí digo que Brasil representa una llamada de atención para la Argentina. Porque cuando los marginados sienten que el único futuro al que pueden acceder pasa por la economía ilegal y a la criminalidad se le responde con represión se llega prácticamente a un conflicto militar entre el Estado y los lores criminales que rigen en los Estados pobres.
Por Laura Di Marco Para LA NACION
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El lenguaje de Chávez está lleno de exabruptos –se necesitan esos exabruptos–, muchos más serán para buscar un lenguaje que no sea el acostumbrado retórico y bizarro de las cumbres. La búsqueda de un lenguaje de exabruptos intempestivo, violento, sorpresivo, que rompa el lenguaje vacío y anodino de las reuniones de los presidentes. El 30 por ciento de los latinoamericanos vive debajo de la línea de pobreza, ese era el tema a discutir; el otro lenguaje, el de las formas, queda en el anecdotario de las reuniones sociales de los chismes. Pero ese lenguaje carece de la fuerza del exabrupto. El que expresa la miseria y el dolor del hambre, el que no abdica, el que grita la enfermedad y las enfermedades neurológicas de los niños latinoamericanos por desnutrición. Chávez es un impulsivo que denunció la complicidad del gobierno español en el golpe que lo quiso derrocar en el 2002. Chávez grita ensordecedoramente. Chávez guaranguea.La figura del ex presidente Aznar junto a Bush y Blair en la foto del imperialismo criminal del ataque a Irak. Imborrable en su obsecuencia extrema. Grito ensordecedor de la traición de la ética, ¡no olvidemos la foto por favor! Necesitamos un lenguaje nuevo, lenguaje de páramo sin alimentos, sin agua, sin salud, sin esperanza. Lenguaje nuevo que exprese la miseria y nos duela el cuerpo al escucharlo –inventar un nuevo lenguaje que no produzca belleza, sino hambre infinita, mortalidad infantil, donde nuestros ojos se desorbiten como esos monstruos sin lactancias–, palabras sensaciones son las de Chávez que no dejan de callarse nunca, que produzcan convulsiones como respuestas, que seamos epilépticos por un rato, que nos cadavericen, exabruptos bien venidos. Exabruptos nuevos, obscenos por lo subversivo, la gran desgracia que ya se interiorizó como normal es la resignación, la tristeza, la adaptación. El exabrupto es la esperanza, aunque se ofendan los reyes por un rato, el nuevo lenguaje confrontativo del mestizo Hugo trae nuevas esperanzas, como cuando lo liberó bajando de los cerros la humildad humillada de los pobres y menesterosos que se convertían en humanos al liderarlos Chávez.Basta de edificios de lenguaje que no nos sirven más para expresar nada, que ya no abarcan nada, que ya no explican nada, palabras vacías de conferencias y simposiums. Necesitamos exabruptos que expresen los ojos reventados de hambre, los dolores infinitos, los aullidos. Que exploten toda la impostura y de esos escombros el lenguaje nuevo. La belleza de los restos, poesía de los escombros. A la hoguera con los lenguajes viejos, olor a trampa, a impudicia, a corrupción por todos los rincones. Necesitamos el lenguaje de las patas en las fuentes de los cabecitas del 17 de octubre. De los indios de Morales que tanto escandalizan a los blancos bolivianos. Construyamos un lenguaje lleno de exabruptos. Chávez es obsceno. Potencia de nuevas palabras que cambien el lenguaje que ya no dice nada, de retórica bizarra y encallecida que envejece y escucharla ya da vergüenza.Un nuevo lenguaje alegre potente para un nuevo hombre. Pero necesitamos de muchos exabruptos para que no haya más vidas desquiciadas, desperdigadas, subhumanas en nuestro continente. Un aullido muy grande. Para eso te necesitamos mucho, querido Hugo Chávez, peleando siempre con la fuerza de tu lenguaje. Exabrupto puro siempre. Que los burgueses y los terratenientes se escandalicen, pero vos nos haces sentir invencibles por un rato. Las revoluciones sociales siempre han sido grandes exabruptos. Escandalosas. Con tu maestro, el gran Fidel, el inmortal, siempre a tu lado.
Por Eduardo Pavlovsky
Martes, 13 de Noviembre de 2007
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